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viernes, 12 de junio de 2009

TIENES UN E-MAIL (OTRA VEZ)

Meriendo trina de limón (6% de zumo) sandwiches de embutido y patatas fritas Lays Gourmet. Estoy sentado en el sofá con los pies sobre la mesa mientras vuelvo a ver la película tienes un e-mail. Son las 20:26, hace un par de horas me zambullí en la piscina con forma de galleta integral que hay en esta urbanización. En la piscina nadaban dos señoras de avanzada edad, señoras con el pelo cardado, con la permanente recién hecha, no sé, no sé cómo lo hacen, se peinan con mucho volumen, como si el pelo fuera un casco de queratina para protegerse de los accidentes cotidianos. Mientras me quitaba la camiseta y las gafas no podía evitar oir su conversación:

qué buena está el agua,

de verdad qué buena,

está buenísina ¿verdad?

de verdad que sí, qué buena está

etc.,

Pero quiero hablar, escribir, acerca de la película Tienes un e-mail (otra vez). En septiembre de 2008 ya escribí algo sobre ella. También me interesa destacar que permanecer sentado en el sofá con los pies sobre la mesa a las 20:30 de la tarde con un vaso de Trina de limón en la mano es uno de los pequeños grandes placeres de esta civilización occidental. Quiero escribir sobre ello. Quiero escribir sobre la película Tienes un e-mail. Meg Ryan, en un momento dado, escribe en su ordenador (un Mac del año 98) que no sabe si es una mujer cobarde por llevar la vida que lleva, se pregunta si lo que hace es valioso. Veamos, una mujer de 30 años que trabaja vendiendo libros en una tienda de literatura infantil, evidentemente también lee muchos libros de lo mismo y varias veces por semana se pone un gorrito puntiagudo de hada madrina y organiza una sesión de cuentacuentos para los niños del barrio. Tiene un piso sencillo, acogedor, decorado con buen gusto, duerme en una cama mullida repleta de almohadones con estampados florales, tiene un pijama de rayas, se levanta temprano para escribir correos electrónicos con la luz de la lámpara de la mesita encendida, toma café en Starbucks antes de abrir su pequeña tienda, cotillea con los compañeros de trabajo, saluda por su nombre de pila a los niños que entran en la librería, le encanta Nueva York en otoño, compra ramos de flores, pan de molde, leche, huevos, aceite de oliva y paga con tarjeta de crédito. Vive, por si no ha quedado claro, en Nueva York, en un barrio de Nueva York, un barrio pequeño, con encanto, con las aceras llenas de árboles y coches de diversos colores y cilindrada plantados a ambos lados de la calle. El cielo a veces es azul, a veces gris, vive con un escritor o periodista y de vez en cuando salen a cenar o asisten a saraos del mundillo editorial. Yo, a menudo, me pregunto lo mismo, ¿mi vida? ¿qué hago en la vida? ¿importa lo que hago? ¿es valioso? Vendo libros en una librería (podría venderlos en un puestecillo ambulante, en un top manta, a través de una web…) me quedan 6 asignaturas para que el Ministerio de Educación y Ciencia me regale una cartulina que le diga al mundo que tengo una licenciatura (y por lo tanto, que soy más listo y culto que antes de tener esa cartulina, que estoy mejor preparado, que soy apto para acceder a ciertos cursos, masters, oposiciones, cosas), leo cuando puedo o cuando quiero, que es menos de lo que leía antes, más que nada porque hace tiempo que la literatura ha dejado de ser ese pilar sobre el que sustentar mi seguridad, mi autorrealización: leo mucho por lo tanto sé mucho por lo tanto valgo mucho por lo tanto me siento superior a un porcentaje de la población que lee menos que yo y por lo tanto sabe menos que yo y por lo tanto vale menos que yo. También escribo, oh sí, escribo y podemos aplicar al verbo escribir exactamente lo mismo que acabo de aplicar al verbo leer. El caso es hacer, ser, sentirse, parecerlo, poder mirarse al espejo sin temor, de frente, y decir, eh qué pasó. Me acuerdo en este momento de un poema en prosa de Baudelaire, como no dispongo aquí y ahora de internet, tendré que levantarme para consultarlo en mis obras completas de este señor, admirador de Poe, traductor de Poe, follador de putas mulatas en burdeles, periodista, crítico de arte, poeta, delincuente, sifilítico, presumido, renovador del género, bisagra entre el romanticismo y la modernidad, chico de ciudad, paseante anónimo, flaneur, dandy de zapatos impecables y pelo teñido de verde, provocador, irresponsable… y todo ello editado por Espasa en un precioso volumen. El poema se titula (ya me he levantado he cogido el libro y me he vuelto a sentar) “a la una de la madrugada” y termina así: “descontento de todos y descontento de mí, bien quisiera rescatarme y recobrar algo de orgullo en el silencio y la soledad de la noche. Almas de aquellos a quienes he amado, amas de aquellos a quienes he cantado, reconfortadme, sostenedme, alejad de mí la mentira y los corruptos vapores del mundo. ¡Y vos, señor, dios mío, concededme la gracia de hacer algunos versos bellos que me prueben a mí mismo que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio!”. Bien, pero yo quería hablar de la película Tienes un e-mail (otra vez), aunque en realidad lo que quería era decir que me gusta lo pequeño, y que hace no demasiado tiempo escribía y leía, en realidad, para eso, para no sentirme el último de los hombres, ahora, sin embargo, leo y escribo simplemente para sentirme un hombre.  Con saber que soy un hombre me conformo. Soy un hombre, aunque como decía Neruda, y cito de memoria, a veces ocurre que me canso de ser hombre (me cansa ser hombre y haberlo escuchado, como escribió Arturo). Por eso veo la película Tienes un e-mail, porque es algo fácil y sencillo, como estar sentado con los pies sobre la mesa y un vaso de trina de limón en la mano. Algo que hace que me siga gustando ser un hombre.

sábado, 6 de junio de 2009

campello sin anchoas

Escribo, es evidente, escribo, escucho a Mozart y me limpio los mocos en un Kleenex y bebo vino blanco aunque prefiero el tinto. Hoy me han preguntado, otra vez, que si he actualizado mi blog, y yo, pues no, si quieres lo actualizo ahora mismo, y me dicen, vale, y yo, pues venga, tráeme unos mejillones por favor, y aquí estoy, con mis mejillones y mi vino blanco. Acabo de leer el último post de literato Morboso, lo que escribe, más allá de la calidad literaria, que no la tiene, como tampoco la tiene esto que ahora escribo, digo, que más allá de la calidad literaria, está lo que me transmite, el dolor, la decepción, el sonido de lo oscuro dentro del cuerpo, la hiperacusia y las metáforas muchas de ellas sorprendentes y ásperas. El literato me inquieta, leo todo lo suyo con fruición, me pregunto si leería igual si no le conociera. No lo sé. Es un tipo inteligente, todos los tipos inteligentes acaban fatal. Yo acabaré fatal. Sí, yo soy inteligente. Soy fuerte, grande, estoy salido y bebo mucha cerveza para desgracia de mi madre y de mi figura. Estoy a menos de 100 metros del mar, un m,ar que veo con sólo andar 3 metros desde el sofá donde estoy sentado, escribo en mi viejo iBook, la sensación es la de hace años, todo mi libro recientemente publicado fue escrito con este ordenador. A mi izquierda, C está leyendo Mortal y Rosa, de Umbral, que fue no hace mucho y durante bastantes años mi escritor de cabecera, el hijo de puta que me enseñó a soltar metáforas y adornar la idea y darle vueltas y marearla hasta conseguir que diga 20 cosas más de lo que en un principio... bebo vino y como mejillones, esta es la vida soñada, lo ansiado, una casa a la orilla del mar, Mozart en el equipo de música y una bella mujer leyendo a Umbral a 1 cm de mi brazo izquierdo, me pregunta palabras, ¿qué significa penacho? ¿y tempero? ¿y trigémino? y yo, esto, lo otro, yo qué cojones sé, y en lugar de leer me cuenta que un amigo suyo le dijo que los calvos pierden las ideas ya que el cabello sujeta los pensamientos, estoposa, dice ahora, me tengo que apuntar las palabras estas, y podría pasarme todo el post escribiendo lo que ella dice mientras lee, en lugar de leer, ¿podré leer ahora lo que estás escribiendo? y yo, claro, claro, y sigo soltando lo que encuentro, mi mente está en blanco, sólo soy capaz de escribir la realidad, lo que veo, oigo, olfateo con mis orejas y con mis manos, el plato con patatas fritas, los pies con uñas rojas, los mejillones, enumerar la realidad es lo mismo que decir nada, peguntosidad del légamo, dice C que le gustan las palabras esdrújulas, y a mí me gusta escribir en silencio, decía, escribía, que sólo soy capaz de escribir la realidad como un pintor dibuja a su modelo, no soy capaz de inventar nada, el arte es la representación de lo que uno ve, es una taza o una zapatilla llena de arena pasada por el filtro de uno mismo, un mando de la tele interiorizado, el mundo es esta habitación, no existe nada más que el roce de mi brazo izquierdo mientras tecleo brazo izquierdo con el brazo derecho de la mujer que lee a Umbral y pregunta el significado de las palabras a 1 centímetro de mí. la vida, Mozart en todo, las ganas de no decir nada profundo, huir de las ideas, el Literato escribe con ideas, lo llena todo de reflexiones, ¿prestigiar qué es? y yo soy incapaz de llegar a las ideas con tantas preguntas ¿y esquife? así que lo dejo, voy a besar a esta lectora de Umbral, a desnudarla, a invitarla a estar en mí, conmigo, en entre hacia hasta para por según sin so sobre tras.

miércoles, 3 de junio de 2009

o para qué más

¿cómo? ¿que si he escrito algo nuevo en el blog? no, no he escrito nada, pero espera, que ahora mismo escribo algo. Y así de fácil, luego la misma persona que me pregunta que si he escrito algo nuevo en el blog me trae un helado, mmmm, me lo como en un suspiro, me chupo los dedos y me pongo a esto. no tengo nada, absolutamente nada que contar, bueno, por tener sí que tengo, me han ocurrido cosas, claro, cuando suena el despertador (en mi caso un móvil) empiezan a ocurrirte cosas y ya es un no parar hasta que te acuestas, y aun cuando duermes ocurren cosas que puedes escribir, sueños, ganas de hacer pis, etc. Y no voy a releer absolutamente nada de lo que escribo hoy, sea lo que sea lo que salga va a quedar así, como una cagadita de paloma en el alféizar de mi ventana, blanco, marrón, negro, una cagadita recién puesta según se vuela del campanario de la iglesia a la fuente de la plaza del pueblo. Y ya. La vida es eso que me pasa mientras me pasa, no mientras hago planes, sino que me pasa y me doy cuenta, para lo bueno y para lo malo, cuando estoy triste y cuando estoy alegre. La vida me sucede y yo la vivo en este instante, mientras estoy sentado, medio tumbado mejor dicho, mejor escrito, en una cama con dos cojines en la espalda y uno sobre las piernas y sobre el cojín de las piernas mi portátil ligero como una mota de polvo o una brizna de hierva o un papelito recién arrancado de la libreta donde escribo que tengo que ir a Mercadona a por pan y agua embotellada y cereales y papel higiénico y mortadela campofrío, y etc. la vida, lo que vivo, el día la tarde y la noche de no parar de vivir y de no apetecerme sentarme ni quedarme de pié escribiendo nada, ni blog, ni pollas, ni conferencias del día 17 en no sé qué biblioteca pública del estado o del patronato o del ayuntamiento. La peli ya está, dice Tere, dice Mili, pero yo no estoy, o estoy concentrado en mi no concentración en no perder el hilo de lo que no digo ni escribo porque esto es la vida un no saber qué ni cuándo y aquí voy a parar porque, por primera vez desde que estoy tecleando, joder, quiero releer esto. Y ya lo he releído y me ha quedado precisamente eso, una cagada, una mierdecilla semilíquida de paloma, pero eso es lo que doy de mí, lo que puedo estirar mis ganas de acostarme, mis ganas de no escribir, mi sueño. El literato morboso sí que escribe y cuenta cosas y emociona y piensa lo que dice y va al fondo y te toca y abre y escuece. Lo mío no va a ningún lado, es como hacerse una paja, un movimiento con el mismo final siempre, la misma forma de llegar y de poner el punto y aparte, el hasta aquí, el levantarte y limpiar las gotas, lo mío es un no pensar, un acto sucio, rápido, fácil, cómodo, lo del literato es más como un preparativo, una cena con velas y un pato al horno, te gusta, es elaborado, queda bien, y te deja satisfecho. Vale, no tienes orgasmos, pero los orgasmos se olvidan, llegan y se van, una buena cena es algo que nutre y te permite seguir vivo.

jueves, 28 de mayo de 2009

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Voy a colgar una foto en este blog. Ahí estamos unos cuantos personajes el día de la entrega de premios de CONFESIONES DE UN SOLTERO AUTOPOÉTICO. Hoy se ha vendido un ejemplar en mi librería sin ayuda de nadie, sin recomendarlo, nada, es que es tan bueno que se vende solo jeje. Me estoy comiendo una galleta integral con chocolate blanco, joder, qué raro, no estoy bebiendo alcohol, no puede ser, debo estar mal, eso sí, mi madre encantada de la vida, pues, ya verás, lo mismo cuando llegue a casa me meto un par de latas de cerveza. Esta mañana me he despertado sobre las 7 de la mañana para limpiar el piso, joder, había más mierda de la que parecía (bueno, no, lo cierto es que parecía que había mucha mierda, he sacado espuertas de basura). Y me ha dado por limpiar no porque sea algo que hay que hacer, que no lo es, sino porque voy a tener visita, visita de la buena, viene uno de mis muy mejores amigos con su mujer y su pequeñaja de 8 mesecitos a pasar el fin de semana y estoy muy contento. Además, también va a venir JM, otro de mis grande amigos, que trabaja en Castellón vendiendo libros, como yo, y como da la casualidada que hemos trabajado juntos años ha en la misma librería, tenemos muchas cosas en común y muchas batallitas que recordar. JM es la caña, nunca me he reído tanto trabajando como me he reído con él. Y A ya es una bestia parda, era el mejor de nosotros, pero era duro como la roca, como un cliente le entrara torcido las pasaba putas, no A, no, sino el cliente.
-¿Tienen este libro?
-No
-(...)
-(...)
-¿Me lo puede pedir?
-No
-(...)
-(...)
-¿No?
-No
-(...)
-(...)
-¿Por qué?
-Porque no
-(...)
-(...)
-Bu...bueno, pu...pues vale, adios
-Adios
Y así era, miraba fijamente a los ojos del pobre desgraciado que buscaba un libro, nunca apartaba la vista, miraba con ansia, sin piedad, con los dientes apretados y algún cliente, estoy seguro que, alguna vez, llegaría a sentir pánico. JM era mejor persona, jaja, le gustaban las chicas con la cara como una medallita, nos pasábamos las tardes haciendo rankings de clientas, teníamos un folio con una clasificación exhaustiva y según atendíamos marcábamos una X donde correspondía. Evidentemente esa clasificación jamás verá la luz. He de decir a mi favor, que hubo un tiempo en aquel lugar, en el que, según nuestro jefe, yo era el que mejor atendía de largo, sí, sí, pero con una matización, sólo me explayaba con las clientas, a los clientes les despachaba con un no me queda, está agotado, o váyase a darle el coñazo a paquetito Miguel. Éramos los mejores. Lo que hemos visto durante tantos años no tiene nombre. Pero, lo que le he visto hacer a JM, no ha sido superado por nadie, recuerdo ese día, fui corriendo a arrodillarme a sus piés. No puedo contar qué hizo exactamente (nada malo), estaba atendiendo a una mujer despampanante y solto la frase mágica, el golpe de efecto, el chilenón, yo no daba crédito, ¿será cabrón? en fin, desde aquel día JM es mi héroe indiscutible. Los que no saben de qué va el tema, seguramente se esté aburriendo, sí, probablemente, pido disculpas, pero es que mañana vienen A y JM y esto es para ellos. No tengo fotos de JM, qué putada, sino la pondría. La de A no la pongo por si me corre a hostias o se me queda mirando de esa manera que acojona a las visitas. Sí, mejor no. Pues nada, creo que me voy a ir yendo, estoy escribiendo esto para hacer tiempo, pienso en los amigos que están lejos, cabrones, hijos de puta, a ver si vení a verme, desgraciados, que siempre voy yo, me cago en vuestras madres. Y a ver si compráis mi puto libro, joder. El editor me había dicho que hoy me iba a llamar, pues nada, aquí estamos esperando mi culo en la silla y yo, pero nada, parece ser que íbamos a hablar de la próxima presentación del 18 de junio, en Gran Vía, pero eso, que nada. Mudras, mantras y mandalas. Hoy, de camino al trabajo, se me ha ocurrido algo para el poema que no estoy escribiendo, pero que debería, es una gilipollez, son unos versos de mierda, pero hay que intentarlo, lo mismo hasta quedan bien. Es el poema de la camarera, la camarera argentina del café Marcel Cerdan de Alicante. Bueno señores, espero volver pronto por aquí. Ya es tarde.

martes, 26 de mayo de 2009

Con C de casa

El poeta que yo soy necesita escribir un buen poema, o un poema malo, o regular, pero escribirlo, por eso hoy he ido a un bar, o un café, del centro de alicante, es un café medio francés, se llama Celdran o algo así, y es del hijo de un boxeador francés y tiene las paredes llenas de fotografías en blanco y negro de este señor dando hostias o posando o apretándole la mano a algún famoso. El caso, que me siento en un diván e intento escribir un poema, pero nada, menuda puta mierda, no escribo nada, leo algo para calentar neuronas, escribo este post por si las moscas, claro, lo que hay que hacer es escribir, de un modo u otro el poema llegará. Lo sé. Siempre llega. Quiero escribir sobre la camarera, no porque esté especialmente buena ni porque me inspire, sino porque tengo que escribir de algo que esté fuera de mi casa, fuera del salón, de la nevera, fuera de lo de siempre, fuera de mí mismo, y un día, el otro día, esperando a C en este mismo sitio, aburrido de esperar, leyendo un mal libro de poemas que hace unos años me pareció extraordinario me puse a escribir en la página del final, la que está en blanco, y empecé a escribir sin pensar, puse, la camarera está buena, está muy buena, y estuve escribiendo hasta que me cansé, luego llegó C, me besó en la cara, en la cara, en la mejilla, y finalmente en la boca, yo en los primeros tres besos me hacía el duro pero ya no pude más, me moría, me derretía, y la besé como se besa algo sagrado. El poema o lo que sea se quedó escrito en la página del libro, sé que algo quedó, y ahora quiero terminar aquella improvisación, y no puedo, porque no soy capaz de escribir un buen poema precisamente porque quiero que sea un buen poema, aunque al principio haya escrito que me da igual que sea malo o regular. La camarera sigue estando buena, es argentina, lo sé porque la he oído hablar y porque me ha hablado cuando he pedido un baileys o como mierdas se escriba. Está buena, sí, pero no es nada interesante, así que imaginaré que la camarera no es la camarera, que es C, con una camiseta de tirantes roja y un culo excepcional (esto no tengo que imaginármelo) (lo de la camiseta tampoco). O mejor, voy a escribir acerca de C. ¿Quién es C? ¿Por qué nunca comenta ninguno de mis textos si los lee todos? La verdad, la verdad, la verdad, menuda expresión, la verdad, a la mierda con la verdad, no es la verdad es mi escritura, y mi escritura nunca es verdad, o no del todo, siempre exagero algo, siempre miento, siempre digo lo primero que pienso no lo que creo, porque no creo que, ni creo en, ni creo para, por, según so, sobre, tras. Joder. C, la cara de C, el cuerpo de C, el ponerse seria de C, el agobiarse, el no saber de C, el no quiero estudiar, el irme de aquí cagando leches de C, el despertarme de C, el besarme de C, el volverme a besar de C, el besarme otra vez, y otra y otra, el hacerme el amor de C, la piel blanca de C, la piel de C que huele a C y que huele como una manzana roja y un cruasán con chocolate, C viendo la tele, C viendo una película francesa, C explicándome cosas, C pidiendo una cerveza con ese gesto serio de C y determinado e imprevisible de C, el ir y venir de C, el llamarme por teléfono de C, el bajar del autobús, el llegar tarde, el pronunciar correctamente cada sustantivo de C y cada complemento, el mirarme fijamente de C, el fijarme, el atravesarme y romperme y destrozarme el descomponerme en partículas de C y trozos de, y pedacitos, en partes desiguales y dolientes, C partiéndome en dos, C multiplicándome, C cogiéndome de aquí, C conmigo en la cama en el sofá en las baldosas C en la barra de un café en una plaza en medio del océano, C girando alrededor, C brillando, lavándose el pelo, C con los dientes blancos, los labios de C, la perfección de los labios de C, C repetida eternamente o al menos hasta que me vaya del café, C pensándose cuando me marche, cuánto es, saliendo del café y C en su casa sin saber que C es todo lo que pienso y lo que me repito en la cabeza y en las manos y en los brazos, C en lo profundo de mi sangre, C en mis corpúsculos, en mis orgánulos, C en cada movimiento del diafragma, C en mis infecciones de oído, C en mi tenderme en la cama cada noche, C en el poner el despertador, C en las ganas de coger el móvil y llamarla y decir, eh, C, qué haces, C, escribiendo un artículo para la facultad, C en el centro, C en el café, C en las teclas de mi ordenador, C en los libros de mi estantería, C en los espejos, C en las camareras, C en los vasos de cristal y en la parte alta de los muebles, C en cada bote de champú, C en lo que se rompe, C en lo que se vuelve oscuro, C en el tango que suena por los altavoces, C apagándome la luz y dejándome ser, C en cada atmósfera irrespirable, C en el humo del bar, en lo claro del día, C en un golpe de luz, C en las hojas de los árboles y en el roto de mis bolsillos y en la tapa de todos mis cuadernos y en un cd con fotos y C en un no acabarse nunca y seguir siempre en C, viviendo en ella en cada espasmo en cada resurrección en cada trago de agua en cada salto en cada letra de canción en cada parte o cosa o gesto o en cada hueco pequeñito que me deje al borde de la cama. Ahora, ya, no puedo escribir ningún poema a ninguna puta camarera, cierro el ordenador, pago la cuenta y me voy a casa. Hasta mañana C.


sábado, 23 de mayo de 2009

DP nosécuántos 2

Soy el hombre del tren, soy el hombre del coche 8 asiento 2A. Hoy, sospecho, voy a escribir un post bastante extenso. También sospecho que va a ser un viaje productivo. No me atrevo a decir que soy feliz, pero casi. Mañana es domingo, lo que significa que tengo todo el día para mí. Me gusta tener días para mí. Mi mente y mis dedos empiezan a pedir a gritos algo de escritura, un poema, lo que sea, algo para mi próximo libro que está en marcha. El pasado jueves estuve en la entrega de premios Princesa de Éboli. Estuve firmando ejemplares de CONFESIONES DE UN SOLTERO AUTOPOÉTICO (ver foto).

Le dije a C que parecía un escritor de verdad, ahí sentado toda la tarde firmando ejemplares, y ella me dijo: es que eres un escritor de verdad. Joder, no me había dado cuenta ¿qué hay que hacer para ser un escritor de verdad? No voy a contestar aquí esta pregunta (no sé que pasa hoy pero este tren se mueve mucho, es difícil escribir con soltura, cuando quiero pulsar  la R pulso la E o la T o la F, ahora piden por los altavoces que el mecánico acuda a no sé donde, ya ves, nos vamos a estrellar y yo sin colgar este post). Pues estuve en la entrega de premios como ya he escrito, vino gente a la que quiero, gente que se supone que me quiere (¿tanta gente me quiere o me aprecia?) el caso es que vinieron personas que yo no esperaba y faltaron otras que hubiera querido que estuvieran, pero bueno, lo uno por lo otro, todo muy bien. Luego cervezas para todos y me hice amigo de L, la ganadora de álbum infantil ilustrado, que se llevó un ejemplar de mi libro dedicado, se lo llevó a Barcelona, que es donde vive, Anaya le pagó el viaje el hotel etc, y a mí mi editorial lo único que hace es regalarme 10 ejemplares de mi libro, ejemplares que ya no tengo porque se los quedaron mis acompañantes, familiares amigos y desconocidos a los que dedicaba mi libro con afecto blablabla espero que te guste. Por lo que he sabido a L le ha gustado el libro, al menos eso me ha dicho por mail, pero no me lo creo del todo, es muy fácil decir, qué bonito, qué bien, pero bueno, a mí, mientras me paguen los 4000 euros del premio me vale. En resumen: fue un día único. Luego el viernes, por la mañana médico, luego comida con el director de GV, comimos en el faborit, me encantan sus ensaladas y sus zumos de multivitaminas, luego, corriendo al Pepe Botella, llego tarde, por el camino me encuentro con Btutú, joven diseñadora de Pedro del Hierro a la que hacía años que no veía, le digo lo de mi libro, me pide el teléfono y me promete que lo comprará. Ya veremos si lo compra. Por fin llego al Pepe Botella (vuelven a llamar al mecánico, esto ya me preocupa) Claritine me espera con una sonrisa gigante, un pañuelo en el cuello y un café con leche a medio beber. Volver a verla me rejuvenece. Claritine es diseñadora de interiores (entre otras cosas) y tiene un excelente gusto literario (le gusta lo que escribo), me cuenta de amores y desamores y del trabajo y de stress y de sus viajes a Málaga cada semana, me da consejos, es sabia, y me debe una cena y un teatro desde hace meses. El Pepe Botella está lleno de jóvenes con portátiles, desde donde yo estoy sentado veo tres portátiles, así que no puedo resistirme y saco el mío, ligero como el aire, Claritine repara en las iniciales del ordenador, MB, MacBook, como mi nombre, Manuel del Barrio, MB, mi portátil y yo somos el uno para el otro. Pedimos otro café para celebrarlo, no tenemos mucho tiempo, ella ha quedado a las 18 para ir de compras y yo quiero irme de librerías y luego sentarme en algún bar con mi portátil y escribir cosas. Nos despedimos, yo voy a la Casa del Libro de Fuencarral, veo a G a L y a L, G me presenta a María, médico cirujano que vivía en Alicante hasta que por fin pudo venirse a Madrid, nos hacemos amigos, también odia Alicante y también tiene muy buen gusto literario y quiere comprar un ejemplar de mi libro, pero todavía no está a la venta, le digo que habrá que esperar una semana más o menos. Quedamos en volver a vernos, o en Alicante o en Madrid, dice que mandará gente a mi librería, yo le digo que por favor, pregunten por mí. María, en seguida, se ve que está de vuelta, es inteligente y afilada y se ríe del mundo y tiene el pelo rapado al 3. L me lleva en coche hasta GV y asisto al inicio de la presentación de MIL MILLONES DE TUBERÍAS, veo a gente, hola, hola, a ver si te dejas el pelo largo otra vez, sí, no, a veces, hola, hola, hoy había quedado a comer contigo y me has traicionado, blablabla, tengo que irme, corro hasta la librería HIPERION, cerca de la Puerta de Alcalá, pero cuando llego está cerrada, mierda, ¿y dónde compro yo ahora algo de poesía interesante? Joder, claro, en La Central del Reina Sofía, así que andando por el Paseo del Prado hasta Atocha, calor, sudor, tengo el culo empapado y los huevos escocidos, llego, compro libros, compro un regalo para C, algo especial sobre algo que le encanta, sinceramente espero que le guste, se lo daré esta tarde, ella no sabe nada, claro, también habría podido comprar un ramo de flores, pero para qué, las flores se marchitan, se pudren enseguida, regalar flores es un gesto efímero, un obsequio que brilla un momento y desaparece, bien pensado, regalar flores es un gesto muy Wilde, muy dandy. Pero no, prefiero lo otro, lo que ya he comprado. Pues eso, luego llega Alb, nos vamos al JAZZ CAFÉ de Huertas y nos tomamos dos señoras cervezas cada uno, blablabla, me cuenta sus amores, yo los míos, le llaman por teléfono (sus amores) y nos despedimos. Me voy a Atocha, contento, tengo libros de poesía para leer, tengo ganas de escribir, tengo la tarde del sábado y todo el domingo por delante, tengo un libro recién publicado, otro en marcha, unas conferencias que prepararme, un trabajo digno, tengo amigos, tengo una carrera que terminar, un regalo para C, Madrid sigue siendo mágica, salvo dentro del transporte público, Madrid sigue ofreciendo oportunidades y gente y lugares, Madrid es una ciudad para escribir, me he dado cuenta. Lo bueno de vivir en Alicante este tiempo es que me he dado cuenta, al volver a Madrid, que algo dentro de mí está cambiando, ya no soy tan antipático, tan enmimismado, me he soprendido a mí mismo venciendo la vergüenza o el qué pensarán y me he puesto a hablar con perfectos desconocidos por el simple placer de hablar o comentar algo, con naturalidad, sin darle más vueltas. Ejemplos: Metro de Madrid, a mi lado una chica se ríe y comenta con un amigo algo de la gente, que no se ayuda ni nada, cuando el chico se baja yo le pregunto a ella que si no es de aquí, ella me dice que no, que leva un mes en Madrid, yo le digo claro, claro, es normal que te sorprenda, es que en Madrid la gente va a su puta bola, como suele ocurrir en las grandes urbes, mi prima blablabla hablamos un rato cortito, un par de paradas, yo le digo que vivo ahora en Alicante y ella que en Valencia, llega mi parada, me despido y hasta otra, esto es algo que NUNCA, JAMÁS, habría hecho antes, ¿estás loco? ¿ponerte a hablar con una completa desconocida en el metro? ¡se pensará que quieres ligar o algo!!!! Pero no, no sé por qué, pero ya no pienso así, simplemente me apeteció hablar y lo hice, sin pensar en cosas raras y me sentí genial. Otro ejemplo: librería de Fuencarral, conozco a María, de la que ya he hablado, me siento muy natural y a gusto, hablo y me lo paso bien, en otra época hubiera mirado de reojo, no me habría fiado, pero ya no. Otro ejemplo: hace un rato, en la cafetería del tren, veo que una chica va a pagar su café y saca un libro de Anagrama del bolso, NOVECCENTO, de Baricco, cojo y sin ningún pudor le digo que si ha visto la película, dice que no, que no sabía que había una película, yo le digo, sí, se titula LA LEYENDA DEL PIANISTA EN EL OCÉANO, si te gusta el libro no te la deberías perder, se lo digo con total naturalidad, sin ánimo de nada, simplemente me comunico, esto es algo que hace meses me daría una vergüenza atroz, claro, pensará que quiero ligar o algo, pero no, no quiero ligar, no quiero más que decir lo que pienso en un momento dado sin ser malinterpretado, luego otra chica que me oye me pregunta sobre esa película, le cuento un poco de qué va, pagamos nuestras cosas y ya, cada uno a lo suyo, ¡es perfecto! Puedo hablar y abrirme al mundo sin pensar cosas raras, los pensamientos fantasma, el pensamiento basura que dice Claritine, el casquijo que dice A, parece que, no sé muy bien por qué, está remitiendo. Me alegro mucho, ser natural es lo mejor que hay, y eso, uf! Es un paso de gigante para alguien como yo. De verdad, espero que a C le guste lo que le he comprado.

miércoles, 20 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina nosécuántos

Pues venga, no me apetece un carajo escribir pero como dice el literato morboso que hago yo cuando no tengo ganas de escribir voy a escribir que no tengo ganas de escribir, o no, mejor escribo que mañana a las 7 de la mañana me largo a Madrid, me iba a ir esta tarde, pero es que ha llegado mi libro a la librería y ya me ha entrado el nervio y me he puesto a colocarlo bonito y que se vea y he diseñado unos cartelitos promocionales que he intentado subir al blog pero no me deja este aparato. Y para comer me he tomado una caña (sólo una mamacita linda, sólo una cervecita fresquita) con un bocadillo de salchichas con tomate y queso ñam ñam joder qué hambre me ha entrado ahora mismo, creo que en cuanto termine de escribir esto que estoy escribiendo sobre que no tengo ganas de escribir y que mañana me voy a los medriles y que he comido y he bebido pero poco y con moderación, digo que cuando termine me voy a ir a comer algo, algo comestible, de buena gana le comería los morros (con perdón) a una que yo me sé, pero habrá que dejar que se mustien un poquito durante unos cuantos días que luego están más ricos, perdón por la digresión, que esta noche toca fiesshhhta porque se ha empezado a vender y he empezado a dedicar mi libro y a día de hoy todo gira en torno a eso a mi ombligo de palabras autopoéticas y penes con alas como compresas Ausonia. En Madrid, el viernes, comeré con la señorita ITZ, digo yo, espero que se acuerde, porque así se lo dije, oye, este viernes comemos cuando salga del médico y de paso me lo cuentas todo sobre la señorita LOPRU y luego quedaré con ASMP para tener un "momento Madrid" y debería también buscar un hueco en Malasaña para ver a Clara, claro, y el sábado digo yo que iré al Pepe Botella a dedicarle un ejemplar a mi querida Juana la Loca que tanto me aconsejó y tan bien cuando este libro era un proyecto y por eso sale en mis agradecimientos de la última página porque soy muy agradecido, gracias, gracias, gracias también a usted, y no sé por qué cuento aquí lo que haré en el futuro próximo cuando debería contar lo que hice en el pasado inmediato, ayer, esta mañana, hace media hora, bueno, hace poco más he estado tomando café con bailys (no se escribirá así pero paso de mirarlo en google) con J, que trabaja en Saxo y con su compañera pero de su nombre no me acuerdo y con Mili. La del nombre del que no logro acordarme tenía un tatuaje en el antebrazo derecho, unas letras en árabe con unas filigranas, ponía GRANADA, y, qué casualidad, en ese momento me llama mi prima Patri, de Granada, que le compre un ejemplar y se lo dedique y que se lo de a mis padres para que se lo lleven al pueblo. A mi abuela le ha encantado la portada, bueno, no, está escandalizada, me ha desheredado, ya no me quiere ver, ya no me draá la paga de fin de año, ni me hará croquetas, joder, por otro lado, mi madre tiene amigas a las que tendrá que regalarle el libro forrado de papel para que no se vean las pollas voladoras y no piensen que el hijo, su hijo, el hijo de mi madre, es decir, yo, para que no piensen, digo, que soy un guarro o un degenerado, pero el caso es que lo soy, sí, lo siento, mamá, tu hijo es un poco salido, es listo, escribe bien si se pone, tiene una mente creativa como pocas (uf!) y es un buen mozo, pero sí, ha salido a su padre, y es un guarrete, pero hay que quererme tal cual soy, yo intento comer bien y crecer fuerte, escribir cosas bonitas, pero últimamente sólo escribo poemas guarros a las camareras y a la mujer del tiempo de Antena 3.

domingo, 17 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina 8

8. Mientras espero que den las 12:30 h, leo el libro Cómo perder, de Miguel Muñoz, XXXII Premio de Poesía Ciudad de Burgos, editado en DVD. Y mientras leo empiezo a recordar el rostro de una chica, su bufanda blanca, o color crema, su gorro azul, marrón y rojo de lana gruesa con una bolita arriba. Resulta que empiezo a recordar lo que he soñado hoy, sin saber cómo, así, de pronto, sentado en el sillón junto a la terraza, con Vivaldi en el equipo de música mientras espero que den las 12:30 h para salir de casa. Mi sueño. Era una mañana no sé si de invierno o de otoño, pero hacía frío y llovía, por lo que podemos decir, cayendo en cierta redundancia nada original, que era una mañana gris del mes de… digamos que noviembre. Estamos en Parla, cerca de la panadería de mi barrio, y llueve. Yo no sé adónde voy, pero camino por la acera al resguardo de la lluvia que ofrecen las terrazas de los bloques de pisos, camino en línea recta, mirando al suelo, como hay que caminar cuando hace frío y llueve y es noviembre. Entonces me cruzo con una chica más o menos de mi edad, quizás algo más joven, tiene un gorro de lana azul, marrón y rojo y una bufanda blanca o color crema, lleva un abrigo también rojo y está dando saltitos por la acera, como si jugara a la rayuela, no me mira, yo a ella sí, está muy concentrada haciendo eso, dando saltitos, avanza sin pisar las rayas, ni los charcos, yo sigo en línea recta hacia delante y pienso en que esta chica es algo rara. Luego, no sé cómo ocurre, ya digo que esto es un sueño, vuelvo por el mismo sitio, pero en dirección contraria, y ella sigue ahí, avanza dando saltos, con los dos pies, con uno, con los dos, entonces yo la miro, la miro, voy caminando pero me doy la vuelta y la miro fijamente, esa chica que está loca y concentrada tiene algo que me gusta, alguien que se mueve por la acera un día frío y lluvioso de noviembre a las 9 de la mañana dando saltos no debe estar muy bien de la cabeza, o sí, el caso es que yo sigo caminando, me alejo, pero no dejo de mirar, miro descaradamente, espero que ella levante la cabeza, que se fije un momento en mí, que la estoy mirando con todas mis fuerzas, sin dejar de andar hacia, ahora lo sé, hacia mi casa, mírame, mírame, de pronto eres la mujer misteriosa que quiero conocer, eres la niña de gorro de lana y bufanda y abrigo rojo que puede hacer que yo deje de andar en línea recta mirando fijamente al suelo, pero no, no levanta la cabeza, no mira, está loca y concentrada en sus saltitos. Yo sigo andando, a lo mío, qué se le va a hacer uno no puede ganar siempre, miro hacia arriba y veo a una vecina asomada a la terraza del primero, está en bata, fumándose un cigarro, no sé por qué, pero sonrío y la saludo y le pido que se abra la bata, no se lo digo, pero le hago el gesto con los brazos, ella se ríe y me dice que no, que cuando yo haga no sé qué (no me acuerdo) y yo le contesto entonces nunca. Llego a mi portal, subo a mi casa, todos los vecinos están en las escaleras celebrando que un equipo de fútbol ha ganado un partido o una liga o una copa, no lo sé, las escaleras están llenas de críos que no sé de dónde coño salen cantando el alirón, cuando llego al tercero, que es donde yo vivo, mi casa está en obras, y como lo más normal del mundo, la puerta de mi casa es un frigorífico de acero inoxidable, así que abro el frigorífico y entro. Sé que en casa luego ocurren cosas, pero no me acuerdo de más. Ya son las 12:14 h.

sábado, 16 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina 6 ó 7

Escribo esto en el tren Alvia Madrid-Alicante. He estado durmiendo un par de horas, anoche me acosté bebido y tenía algo de resaca, pero ya estoy bien. Ayer fue un día de esos que quieres tener siempre, o casi siempre, estuve con mis amigos. Con cuatro amigos: A, N, D y C. Comí con A y N, luego siesta y a las 18:30 h quedé con D en el café Capone y charlamos con las camareras R y C que siempre nos invitan, al menos, siempre que no ande el jefe cerca. Luego a las 20:30 h llegó C y estuvimos bebiendo y hablando y bebiendo hasta las 00:30 más o menos. Esto son los hechos objetivos, esto es lo que hice. Pero esto no es todo. Los amigos, la gente que te conoce de verdad, sabe ponerte en tu sitio, te da tu medida real, lo que eres, lo que haces, y que te dejes de hostias. Con C estuve hablando de, entre otras muchas cosas, literatura. Me lo pasé muy bien. Le dije que desde que estoy en Alicante apenas escribo, no encuentro el momento, no encuentro el qué, el cómo. C se ríe y me echa la bronca, y además me dice que a ver si le doy un giro a esto del ojo derecho que ya cansa, tanto yoismo y tanto pesimismo, que tengo que obligarme a escribir una hora al día, hacer borradores, ponerme con un poema y darle espacio durante el tiempo que haga falta, y luego corregir y que seguro que van saliendo cosas que valgan la pena, seguro. Sí, debo centrarme, mirarme el ombligo pero de otra manera. También dice que por qué ya no dibujo, que ponga dibujos en el blog, como hacía antes, pero esto es más de lo mismo, ni escribo, ni dibujo, ni nada, el caso es que hemos hecho un trato o algo así, (además de una apuesta que, lamentablemente querido C, voy a ganar) hemos acordado que yo voy a ilustrar algunos textos suyos, para un par de libros que se supone va a publicar la editorial Alfasur. Si esto funciona, resulta que además de escritor, dentro de poco, seré ilustrador. Eso sí, mis ilustraciones serán siempre en blanco y negro, y en mi estilo minimalista, como las ilustraciones que pueden verse en algunas entradas antiguas del ojo izquierdo. No sé si le daré un giro a estos diarios, yo creo que no hace falta, estos diarios se escriben para escribir de mí, de mis circunstancias, nada más. Y mis circunstancias son esto, mi libro ya ha empezado a distribuirse, bueno, creo que el lunes llegará a la distribuidora de Barcelona, y de ahí al resto, en la Feria del Libro de Sevilla parece que ya se está vendiendo y dice C que es muy buen libro y merecería tener cierta repercusión y que dentro de dos años le miraré por encima del hombro, no hombre, él ganó el premio Ala-Delta del 98, creo que fue el 98, con Eugenio el de la botella, un muy buen libro juvenil, lo que ocurre es que ahora anda desanimado, se hace mayor, etc (hola C, ¿te parece bien este giro en mi diario? jaja). Desde donde estoy sentado, asiento 5C, leo en la revista de una señora que José Ortega Cano debuta como cantante después de su éxito como bailarín. Hay que joderse. Este post comienza a alargarse. Por supuesto, me encantaría que mi libro tuviera repercusión, y me encantaría publicar un segundo libro, ya sea en Point de Lunettes, en Huacánamo (si me leen, mil gracias por el apoyo e interés) o, por qué no, en Hiperion. Pero todo eso ahora da igual, lo que hay que hacer es seguir vivo, seguir viendo a los amigos de toda la vida, seguir comiendo con ellos, tomando copas, siendo más tú estando con ellos, hay que seguir leyendo y hablando de lo que uno lee con gente como A o como C, y escribir luego, porque, después de 4 horas bebiendo cervezas y Chivas y hablando de literatura y mujeres con C, uno se va a casa borracho y con unas ganas tremendas de escribir como un auténtico hijo de puta. Aunque lo único que hice fue dormir la mona.

miércoles, 6 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina 3

o cómo se escribe un puto poema.

Pues no lo sé, bueno, a lo mejor sí, porque he escrito unos cuantos, voy a intentar decir, aquí, ahora, cómo se escribe un poema. Lo primero es no querer escribir un poema, no pretender escribir un poema, no sentarse y decirse, venga, escribamos un poema, noooooooooooooooooooooooooo, eso es malo, caca, eso no, porque para escribir un poema hay que escribir lo que a uno le salga de la minga, así, tal cual, escribir sin pensar, mirar por el ojo del culo, o el ojo izquierdo de la vida, y soltarlo, medir o no medir lo que uno escribe, da igual, el poema es un juego, una forma de decirnos, de gritarnos, de mostrarnos, y también, a veces, de ligar, sobre todo en bibliotecas. Para escribir un poema hay que teclear rápido y darle a intro muchas veces, hay que haber leído, alguna vez, a Rubén Darío, tener en mente ese yo soy aquel que ayer no más decía, para escribir un poema hay que olvidarse de escribir bonito lo que hay que hacer es escribirnos a nosotros mismos, y pasárselo bien, y tomarse una cerveza en el bar, antes, durante, también después, un poema se escribe sin querer escribir un poema, se escribe en el metro, en la bañera, en el váter, el poema se escribe dándole patadas a una piedra, quemando el diccionario, rascándose la espalda y dándole a la niña de cenar. Para escribir un poema no hay que ser poeta, los poetas son borrachos o maricas, para escribir un poema hay que ser yo y tener muy claro que no sabemos escribir poemas, que sólo sabemos andar rápido para no perder el tranvía y coger lagartijas por la cola. El que diga, voy a escribir un poema, no escribirá una jodida mierda. Y el que pretenda entender lo que escribe, debería leer a Schopenhauer o a María Zambrano y no mirarme nunca a los ojos cuando me hable, en todo caso, que me mire a los pies descalzos, salvajes, como los de Rubén Darío, joder, y el verso azul y la canción profana.

martes, 5 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina 2

Resulta que de pronto puedo acceder a una wifi desde el sofá de mi piso de alquiler, así que me apresuro a escribir este post, esta entrada segunda en mis diarios de la paroxetina. Hoy me he regalado un momento. Cuando he salido de trabajar, he llegado a casa, me he puesto las chanclas, el bañador, he cogido la toalla, el móvil de empresa para hacer fotos, y me he ido a la playa. Como en verano. El agua, al principio, estaba fría de cojones, de hecho ha habido un momento, cuando me llegaba el agua por las rodillas que me he quedado paralizado, y me he dicho, joder, qué coño haces Manolo, qué necesidad tienes de bañarte si el agua está que pela? pero no me he hecho caso, tenía que sumergirme, renovarme, darme otra oportunidad, tenía que poner mi piel en contacto con el agua salada (y cuando salgo del mar, mi piel, sabe a sal). He pasado un rato tirándome contra las olas, nadando un poco, mi cuerpo se ha acostumbrado rápido a la temperatura glaciar y he recordado de pronto, mientras me tiraba de espaldas, un viaje que hice con Clotilde a Torrevieja, cuando éramos jóvenes, más jóvenes, y llegamos por la noche a Torrevieja y fuimos a una cala y nos bañamos en bolas y me tiré de espaldas contra el mar, como ahora, como hace un rato, y pensé, estoy vivo, vale la pena haber hecho este viaje aunque sólo sea para darse este baño y volver a Madrid otra vez. Eso he pensado esta tarde mientras me bañaba en el mar. Lo malo es que estaba solo, y me sentía muy solo. Cuando todavía estaba mojado me he hecho tres fotos para demostrarme a mí mismo que me he bañado, con dos cojones. Me he secado al aire. Luego en casa, me he desnudado, he puesto a Lori Meyers a toda hostia, he sacado una lata de cerveza sin alcohol (sin alcohol, mamá) de la nevera, he encendido la tele, he puesto la MTv, he abierto una bolsa de patatas fritas y me he tirado en el sofá. Y ahí estaba yo, en bolas, bebiendo cerveza, comiendo patatas fritas, viendo la MTv, escuchando Lori Meyers, con la piel con sabor a sal y arena en los pies y diciéndome a mí mismo este momento es para mí, me lo regalo, estoy vivo. Tener que decirme esto me da un poco de pena, pero dice mi psicoterapeuta que tengo que hacerlo. También dice que escriba lo que sueño, si me acuerdo. Hoy, anoche, soñé muchas cosas, pero no me apetecía escribirlas. Ahora estoy aquí, en calzoncillos, Lori Meyers sigue sonando y dentro de una hora emiten House. Hace tiempo que no veo ningún capítulo. 

lunes, 4 de mayo de 2009

diarios de la paroxetina

Hablar por teléfono tiene una extraña... no, así no, hablar por teléfono es algo que... no, tampoco, adoraba Manhatan, para él, la ciudad era una metáfora de la decadencia del ser humano... jaja, esto me recuerda a Woody Allen. La ciudad, Alicante, la mierda y el mar y las ventanas con carteles de se alquila, se vende, se alquila, se vende, se vende, se alquila. Todo está en alquiler, todo está en venta, yo me alquilo, para quien me quiera, alguien, tal vez, esté dispuesto a pagar por mi conversación, lo juro, puedo resultar de lo más interesante y encantador cuando me dejo llevar, cuando hablo de literatura o de sexo o cuando estoy con David... espera, voy a cambiarle el nombre, cuando estoy con Clotilde (lo siento David, es lo primero que me ha venbido a la cabeza, te jodes, Clotilde) cuando estoy con Clotilde en la barra del Café Capone de Parla diciéndole chorradas a las camareras, que nos caen bien, y que son majas, y nos invitan a cubatas y cócteles y perritos calientes. Alguien habrá que quiera pagar por tenerme a metro y medio de distancia bebiendo cervezas y escuchando mis ocurrencias, que no son pocas cuando estoy de guasa o soy feliz o tengo ganas de jugar a la playstation o me tomo dos vinos con... a ver... con Kafka, me tomo dos vinos con Kafka en mi casa y encendemos velas y escuchamos poemas de José Hierro y Vicente Aleixandre y sacamos lienzos y óleos y pintamos cuadros con las manos y nos pasamos al güisqui y yo escribo en mi libreta cosas que al día siguiente no entiendo y el se ríe y me confiesa cosas que luego negará y también escribe en grandes cartulinas y rompemos copas y así seguimos hasta que las velas se derriten. Kafka, Clotilde, amigos por los que uno da gracias de estar vivo aunque sea en una ciudad pequeña como Alicante y bebe rusos blancos y durante unos segundos toca la felicidad suprema con la punta de los dedos. Puedo decirlo. He sido feliz. Lo he sido. Ahora sólo queda escribir otro libro. Cabrones.