Me gusta cómo han quedado las letras del título del blog, hay que joderse lo que se puede hacer con una mierda de edding, una libreta y la cámara de un móvil Nokia. Dice Patricia que siempre escribo de lo mismo, o al menos últimamente, y me da qué pensar. Pero no voy a pensar aquí, no, aquí no pienso, tampoco pienso en mi casa, ni en el trabajo, ni cuando ando por la calle, no pensar es algo difícil y escribir gilipolleces de lo más sencillo como ya saben aquellos que me visitan de vez en cuando. Alguien dijo alguna vez que un escritor escribe siempre, tenga algo que decir o no, sobre todo cuando no tiene nada que decir. No tener nada que decir y aun así ponerlo por escrito es algo que han hecho algunos escritores que admiro: César González Ruano, Francisco Umbral... y ya no conozco ninguno más. ¿Andrés Trapiello tal vez? puede ser, pero no lo admiro en absoluto y además me parece un poco marica, pero no marica en cuanto a sus tendencias sexuales (que también) sino en cuanto a su forma de escribir y dejarse el flequillo. Donde pongo marica, todo aquel que crea que es un término peyorativo que ponga pusilánime. Yo también soy un poco marica y no pasa nada. Y pusilánime. A veces uno se atasca, quiere escribir, tiene ideas, pero hay cosas que le obsesionan, querer ser diferente aun sabiendo que eso es imposible, querer escribir bien aun sabiendo que eso es muy difícil y más aun si se escribe poco y a desgana y si tienes un trabajo que te absorbe el cerebro la energía y el humor. Aunque últimamente este no es mi caso. Así que no tengo excusa para no escribir más. Ahora, para todo aquel que quiera saberlo y para el que no pues que no lea más, estoy escribiendo un poema acerca de los medicamentos, se titulará, creo, "adoración del medicamento". Llevo bastante tiempo queriendo escribirlo pero nunca me ponía y ahora, gracias a Patricia me he dicho ¿cómo que siempre escribo de lo mismo? y me he puesto a escribir endecasílabos. No es que haya que contar las sílabas para escribir un poema, pero me apetece algo de control, un límite, un pequeño muro que me marque el ritmo en lugar de dejarme llevar por tanta camiseta y tanto ordenador portátil. Pero oye, joder, coño, es que yo escribo a ordenador y soy incapaz, repito, soy incapaz de escribir un texto medianamente en condiciones sin un ordenador. Ese es mi límite (uno de tantos). Hay escritores que adoran su vieja máquina de escribir (Francisco Umbral, Don DeLillo... este último me lo dijo personalmente oh Dios misericordioso que todo lo ves y todo lo puedes, es verdad, me chuleo un poco, pero es verdad, he hablado de tú a tú, bueno, de entrevistador a entrevistado, con uno de los maestros de la narrativa norteamericana) digo, que hay escritores que adoran su máquina de escribir (Paul Auster también) y sólo escriben aporreando teclas tac tac que van formando el texto directamente sobre un folio, es como una música, tac tac, el texto se va construyendo físicamente delante de sus ojos, en fin, me parece algo prehistórico, como darle vueltas a un bolígrafo o a una estilográfica moviéndola de arriba a abajo y de izquierda a derecha para escribir mi mamá me mima, en un lugar de la mancha o canta oh diosa la cólera del pélida aquiles blablabla. Paul Auster le dedica un libro entero a su máquina de escribir ¿por qué cojones yo no puedo entonces citar de vez en cuando mi pequeño y ligero cual servilleta de papel MacBook Air? Ahora mismo lo tengo sobre las piernas y ni lo noto, parece que escribo sobre el aire, tecleo la atmósfera y las partículas en suspensión mientras este texto se forma en una cosa que se llama internet y que flota en el ambiente. ¿Hay alguien ahí?
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martes, 2 de septiembre de 2008
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