Tienes un e-mail. La película. Tom Hanks y Meg Ryan. El gran almacén de libros, la gran superficie, la mega tienda fría y sin escrúpulos frente a la pequeña librería de barrio con gente que te saluda por tu nombre y te sonríe de manera gratuita. Un pastel de película previsible que me encanta. El mundo de las librerías es mi mundo. El mundo de los e-mails, de los post, el mundo de escribir al más allá gracias a mi conexión wifi. FOX. Efe-o-equis. Librerías FOX frente al pequeño comercio con mostrador de madera y peluches y flores en un jarrón hortera. Un barrio de Nueva York. No tengo ni idea de dónde está situada la tienda de la vuelta de la esquina, pero es un barrio que me encanta ¿no os encanta Nueva York en otoño? Meg Ryan escribe en su portátil correos a un tal NY152, se sienta en su escritorio en cuanto se despierta por las mañanas y aunque ya es de día enciende una pequeña lamparita que tiene sobre la mesa. Ese detalle me encanta. Encender una pequeña fuente de energía junto a tu ordenador, algo que da luz y calor, porque sí, aunque los rayos de sol entren por la ventana, porque necesitamos esos gestos que no sirven de mucho. Meg escribe en un portátil negro de la edad de piedra y justo en una escena lo veo, un primer plano en que se aprecia una minúscula manzanita de colores en la tapa del ordenador. Y me digo, joder, otra que tiene un Mac. Carrie Bradshaw, la de Sexo en Nueva York también lo tiene. Se ve que es lo más cool salir en la tele escribiendo en un portátil Macintosh. La pareja de Meg, en la película, es un periodista que está enamorado de su máquina de escribir, como Paul Auster, como Francisco Umbral y Don DeLillo. También está enamorado de sí mismo y de lo que escribe. Como Francisco Umbral, que en paz descanse. Me cae mal, claro, me refiero a la pareja de Meg, es alguien que tiene que caerte mal para que cuando se separe de ella no te importe en absoluto. Un guión muy inteligente y elaborado, sí señor. Lo mismo ocurre con la pareja de Tom Hanks, es una gilipollas que te cagas, así que cuando al final Tom Hanks y Meg Ryan se besan y se quieren y viven felices para siempre te alegras porque sus anteriores parejas eran imbéciles. Lo dicho, es un guión muy inteligente. Pero qué vamos a hacerle, a mí la película me gusta. Me gusta ver de vez en cuando algo sin pretensiones, una historia de amor normal y corriente, yo soy el malo, yo soy el bueno, todo se complica hasta que al final las cosas salen como sólo Dios con todo su poder desde los cielos es capaz de hacer que salgan, es decir, bien, geniales, la vida es bella y mi ordenador portátil es la hostia. Las grandes superficies son la ruina del pequeño comercio. La tiendecita de Meg cierra, caput, te jodes, la gente compra libros baratos estemos o no en crisis, la gente busca lo que busca y se la trae al pairo si en la tiendecita de al lado la dependienta es simpática y te saluda por tu nombre cuando entras a comprar un libro de Laura Gallego. Claro, que en la época en que se rodó la película Laura Gallego estaría ensuciando pañales (tal vez exagero, pero me da igual), eso sí, ya se notaba por el olor de sus excrementos lo que sería capaz de escribir, grandes trilogías, pentalogías, libros de novedad que hay que colocar en los espacios destacados para que se vendan bien. Por suerte, a una película no le exijo tanto como a un libro. Por eso me gusta tienes un e-mail. Porque sale gente que se ama y que es feliz y porque todo lo importante se puede escribir en un Mac con el pijama puesto y con una lamparita al lado que apenas ilumina.
Actualización:
Vamos, todo este rollo para decir que uno quiere creer que el amor existe, coño, y la mierda películas como tienes un e-mail (que no hay dios que se las crea), me gustan, porque me gusta creer que hay opciones que me puede pasar algo, que la vida no es sólo sexo, follar, hacerse pajas, ver porno, que lo bonito es ir al cine, quedar para cenar y despedirse con un beso apoyado en el quicio de la puerta y buenas noches que descanses llámame pronto nos vemos tenemos una cita pendiente. Esas cosas. Y sí, lo reconozco, soy un poco bragas.
