Para escribir lo primero es ponerse. Tumbarse en el sofá y darle duro. Encender la tele, quitar el volumen, apagar todas las luces siempre que tengas un ordenador portátil de teclado retroiluminado como el mío, si no, te jodes y escribes con la luz encendida, con una lámpara al lado del sofá o con el flexo del escritorio o con la luz parpadeante de la cocina. Así escribo yo. Con la luz apagada y la tele encendida y sin volumen y con la música del iPod en mis orejas. Últimamente me pongo mucho el último de Coldplay, me lo pongo para escribir, para conciliar el sueño, para ir en coche hasta la librería donde trabajo (vendo libros, compro libros, leo libros, regalo libros, me limpio el culo con los libros). También pongo Coldplay en la librería y Pastora y Camille y la banda sonora de Star Wars. Anoche vi en Antena 3 "La venganza fantasma", ya la había visto, pero como estaba escribiendo un texto acerca del Pepe Botella (un bar de la Plaza 2 de Mayo lleno de intelectualoides como yo, flipados con gafas de pasta y moleskines en las manos) y siempre que escribo tengo la tele encendida pues al final me piqué y la vi entera otra vez. Me entusiasma la lucha del final. Escribía un poco en los anuncios, le quitaba el volumen a la tele y escribía, luego, cuando empezaba la peli, cerraba el portátil subía el volumen de nuevo y descansaba de escribir. Escribir a toda hostia durante los cinco o diez minutos que duran los anuncios (o quince) cansa mucho. Aunque la verdad es que el texto del Pepe Botella ya lo tenía medio escrito, ayer sólo iba quitando párrafos, dándole un sentido a todo lo que escribo del tirón. Porque para escribir hay que escribir rápido y sin pensar, no hay que pensar, eso viene después, luego, al rato, cuando llevamos dos folios, o treinta. Las mejores imágenes aparecen solas, de repente, plof!! una imagen, joder, llegan así, estás escribiendo a toda leche con la tele encendida sin volumen escuchando el último de Coldplay y te llega una imagen brillante, una metáfora en plan Francisco Umbral, algo luminoso y deslumbrante como la pantalla de 13,3 pulgadas de mi MacBook Air. Plof!! Luego viene lo que viene, toca pensar, claro, darle al tarro, quitar mierda, quitar más mierda, esta frase, estos tres párrafos, leer lo que uno ha escrito y pensar qué está diciendo, porque como casi siempre ocurre, una cosa es lo que queríamos contar cuando nos pusimos a escribir tumbados en el sofá con la luz apagada y otra muy distinta lo que realmente dice el texto. Hay que escuchar al texto. Él es el que manda. Por eso escribo con la tele encendida, para distraerme un poco, aligerar la mente y darle a la tecla sin esfuerzo. Hay que jugar. Escribir es un puto juego. Aunque a veces lo que realmente me apetece es masturbarme.
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domingo, 24 de agosto de 2008
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