la casa hecha un pocilga, puedo empezar así esta entrada en mi diario, la casa hecha unos zorros, un colchón en el salón, hormigas en el cuarto de baño (¿por dónde entrarán las hijas de puta?) todas las esquinas invadidas de pelusas, microorganismos, seres pluricelulares y cabrones que me dan alergia, tengo todos los pares de zapatillas que existen en el mundo por el suelo de todas las habitaciones, montones de ropa sucia, la tabla de planchar en la entrada del apartamento, vamos, la casa, como ya he dicho, hecha un desastre, zorros, pocilga, parece la cabaña del tío Tom si es que alguien sabe cómo es la cabaña de esta tío, el tío Tom, yo me la imagino llena de mierda en medio de las montañas donde hacen los anuncios de Mallboro. Y me tengo que ir a trabajar, y me tengo que dar prisa, el tranvía no perdona. Y tengo que preparar el dossier con la actividad de animación a la lectura que voy a dar a lo largo del año, pero que ni es actividad ni animación, soy yo, soltando el rollo al que quiera oírme, soltando un rollo acerca de la poesía y la cotidianidad, algo que no me creo ni yo, la poesía en todas partes blablabla, la poesía no existe, es una alucinación, un polvo rápido en casa y una ducha, tengo sueño, hoy he dormido mal, regular, hoy he dormido preocupado, he sudado mucho, como si tuviera fiebre, como cuando tengo terrores nocturnos, últimamente la paroxetina no es que ayude demasiado, debo dejar de beber alcohol, pero es que es difícil no tomarte una cañita con el calor que hace, y luego otra, y un ruso blanco, y un vino, y claro, así nos va a mi hígado y a mí, nos va bien, nos va bien, por ahora, y la acidez de estómago me respeta y no sé por qué, ya debería estar echando fuego por la boca y el agujero del culo y tomando omeprazol todos los días. Yo no sería nadie sin la medicina, sin los prospectos, sin la posología ni los efectos adversos, sin las precauciones si trabaja con maquinaria peligrosa o si está embarazada, etc. Me crujen las cervicales, son las 12:30 h y tengo que irme a trabajar, trabajo toda la tarde, estaré ocupado con un powerpoint y contestando correos. No sé qué es esto, qué es esta vida, qué es la literatura, por qué escribo aquí, para quién. No quería tomar ningún café pero es insoportable, los ojos se me cierran. Ayer fue un día mágico, toda la tarde con tres mujeres, comiendo, bebiendo, tomando café, gintonics, bailando y cantando. Luego vino la noche, el sudor, el miedo, los fantasmas, las hormigas del cuarto de baño, hijas de puta, las hormigas que no sé de dónde salen y que veo como van de una baldosa a otra, porque mis baldosas son blancas y ellas negras y cabronas y resueltas, buscan comida, buscan migajas de pan, trozos de jamón de york, yo todos los días mato 6 ó 7 hormigas, no es que me apetezca matarlas, pero están en mi casa, yo pago un alquiler, un alquiler sin hormigas, sin moscas, sin seres pluricelulares en las esquinas, y las hormigas no hacen más que revolverlo todo, andan a su antojo a cualquier hora y no respetan. Pues yo por ahí no paso. No.
lunes, 11 de mayo de 2009
diarios de la paroxetina5
la casa hecha un pocilga, puedo empezar así esta entrada en mi diario, la casa hecha unos zorros, un colchón en el salón, hormigas en el cuarto de baño (¿por dónde entrarán las hijas de puta?) todas las esquinas invadidas de pelusas, microorganismos, seres pluricelulares y cabrones que me dan alergia,
viernes, 8 de mayo de 2009
diarios de la paroxetina 4
Llevo despierto desde las 6:30. Tumbado en la cama he estado viendo la tele hasta las 7, momento en que he decidido levantarme, he preparado café, he cortado tres porciones de bizcocho (me he comido una y media), he puesto música (Lori Meyers) y me he sentado a escribir. Anoche estuve escribiendo 2 horas sin ningún resultado, al menos sin resultado aparente. Sabía que era necesario escribir sin que saliera nada, luego, mientras dormía, mi mente se ha encargado de engrasar la maquinaria, mi inconsciente ha escrito por mí el poema que esta mañana ha salido fácilmente. Bueno, fácilmente quiere decir en 2,5 horas. Por supuesto, para escribir no escuchaba a Lori Meyers, hasta hace pocoo siempre escribía escuchando a Muse, pero ahora es Snow Patrol quien marca el ritmo. Yo escribo con música siempre, sólo dejo de escucharla para leer en voz alta y oír cómo suena lo que leo, como hacía Flaubert, como hacía Cortázar, como, digo yo, hará todo aquel que se preocupe mínimamente por el estilo. Joyce, Faulkner, Francisco Umbral, Arturo Torres. Después de más de un mes he escrito algo para el ojo izquierdo, es algo que me llena de satisfacción, no es fácil, es un trabajo, para escribir esa mierda, entre ayer y hoy, habré necesitado 4 horas y media, ahí es nada, tal vez sea un inútil, un buen poeta escribiría más rápido, digo yo, porque lo cierto es que no conozco personalmente a ningún buen poeta, conozco poetas, tal vez sí que conozco a alguno bueno, pero nunca me han dicho lo que tardan en escribir un poema de... espera que lo miro... de 22 versos, medidos, eso sí. El hecho de medir los versos es como un doble reto, a veces me gusta ponerme ese límite, no basta decir lo que quiero decir, además tengo hacerlo en endecasílabos (o alejandrinos, pentasílabos, heptasílabos, eneasílabos, vamos, ritmos similares), es una lucha, pero cuando te sale fluido, que de eso se trata, te pones muy contento. Es algo así como la escritura por encargo. En fin, que es más difícil, lo que no quiere decir que sea mejor, ya que escribir en verso libre, y escribir bien, es jodido. Estuve a punto de escribir un soneto, pero ya pasé aquella época, de todos modos, que a todo el mundo le quede claro, no me creo a ningún poeta que no sea capaz de escribir endecasílabos con cierta gracia. Primero hay que controlar la norma, conocer la regla, la historia del poema, es métrica, es música, es ritmo, luego, después, que uno escriba como le salga de los cojones, pero que al menos sepa que lo blanco se llama blanco y lo negro se llama negro y porqué. Pues eso. Menudo rollo. Tengo puesto el bañador, me voy un rato a la playa, que luego, eso sí, me toca trabajar toda la tarde.
miércoles, 6 de mayo de 2009
diarios de la paroxetina 3
o cómo se escribe un puto poema.
Pues no lo sé, bueno, a lo mejor sí, porque he escrito unos cuantos, voy a intentar decir, aquí, ahora, cómo se escribe un poema. Lo primero es no querer escribir un poema, no pretender escribir un poema, no sentarse y decirse, venga, escribamos un poema, noooooooooooooooooooooooooo, eso es malo, caca, eso no, porque para escribir un poema hay que escribir lo que a uno le salga de la minga, así, tal cual, escribir sin pensar, mirar por el ojo del culo, o el ojo izquierdo de la vida, y soltarlo, medir o no medir lo que uno escribe, da igual, el poema es un juego, una forma de decirnos, de gritarnos, de mostrarnos, y también, a veces, de ligar, sobre todo en bibliotecas. Para escribir un poema hay que teclear rápido y darle a intro muchas veces, hay que haber leído, alguna vez, a Rubén Darío, tener en mente ese yo soy aquel que ayer no más decía, para escribir un poema hay que olvidarse de escribir bonito lo que hay que hacer es escribirnos a nosotros mismos, y pasárselo bien, y tomarse una cerveza en el bar, antes, durante, también después, un poema se escribe sin querer escribir un poema, se escribe en el metro, en la bañera, en el váter, el poema se escribe dándole patadas a una piedra, quemando el diccionario, rascándose la espalda y dándole a la niña de cenar. Para escribir un poema no hay que ser poeta, los poetas son borrachos o maricas, para escribir un poema hay que ser yo y tener muy claro que no sabemos escribir poemas, que sólo sabemos andar rápido para no perder el tranvía y coger lagartijas por la cola. El que diga, voy a escribir un poema, no escribirá una jodida mierda. Y el que pretenda entender lo que escribe, debería leer a Schopenhauer o a María Zambrano y no mirarme nunca a los ojos cuando me hable, en todo caso, que me mire a los pies descalzos, salvajes, como los de Rubén Darío, joder, y el verso azul y la canción profana.
martes, 5 de mayo de 2009
diarios de la paroxetina 2
Resulta que de pronto puedo acceder a una wifi desde el sofá de mi piso de alquiler, así que me apresuro a escribir este post, esta entrada segunda en mis diarios de la paroxetina. Hoy me he regalado un momento. Cuando he salido de trabajar, he llegado a casa, me he puesto las chanclas, el bañador, he cogido la toalla, el móvil de empresa para hacer fotos, y me he ido a la playa. Como en verano. El agua, al principio, estaba fría de cojones, de hecho ha habido un momento, cuando me llegaba el agua por las rodillas que me he quedado paralizado, y me he dicho, joder, qué coño haces Manolo, qué necesidad tienes de bañarte si el agua está que pela? pero no me he hecho caso, tenía que sumergirme, renovarme, darme otra oportunidad, tenía que poner mi piel en contacto con el agua salada (y cuando salgo del mar, mi piel, sabe a sal). He pasado un rato tirándome contra las olas, nadando un poco, mi cuerpo se ha acostumbrado rápido a la temperatura glaciar y he recordado de pronto, mientras me tiraba de espaldas, un viaje que hice con Clotilde a Torrevieja, cuando éramos jóvenes, más jóvenes, y llegamos por la noche a Torrevieja y fuimos a una cala y nos bañamos en bolas y me tiré de espaldas contra el mar, como ahora, como hace un rato, y pensé, estoy vivo, vale la pena haber hecho este viaje aunque sólo sea para darse este baño y volver a Madrid otra vez. Eso he pensado esta tarde mientras me bañaba en el mar. Lo malo es que estaba solo, y me sentía muy solo. Cuando todavía estaba mojado me he hecho tres fotos para demostrarme a mí mismo que me he bañado, con dos cojones. Me he secado al aire. Luego en casa, me he desnudado, he puesto a Lori Meyers a toda hostia, he sacado una lata de cerveza sin alcohol (sin alcohol, mamá) de la nevera, he encendido la tele, he puesto la MTv, he abierto una bolsa de patatas fritas y me he tirado en el sofá. Y ahí estaba yo, en bolas, bebiendo cerveza, comiendo patatas fritas, viendo la MTv, escuchando Lori Meyers, con la piel con sabor a sal y arena en los pies y diciéndome a mí mismo este momento es para mí, me lo regalo, estoy vivo. Tener que decirme esto me da un poco de pena, pero dice mi psicoterapeuta que tengo que hacerlo. También dice que escriba lo que sueño, si me acuerdo. Hoy, anoche, soñé muchas cosas, pero no me apetecía escribirlas. Ahora estoy aquí, en calzoncillos, Lori Meyers sigue sonando y dentro de una hora emiten House. Hace tiempo que no veo ningún capítulo.
lunes, 4 de mayo de 2009
diarios de la paroxetina
Hablar por teléfono tiene una extraña... no, así no, hablar por teléfono es algo que... no, tampoco, adoraba Manhatan, para él, la ciudad era una metáfora de la decadencia del ser humano... jaja, esto me recuerda a Woody Allen. La ciudad, Alicante, la mierda y el mar y las ventanas con carteles de se alquila, se vende, se alquila, se vende, se vende, se alquila. Todo está en alquiler, todo está en venta, yo me alquilo, para quien me quiera, alguien, tal vez, esté dispuesto a pagar por mi conversación, lo juro, puedo resultar de lo más interesante y encantador cuando me dejo llevar, cuando hablo de literatura o de sexo o cuando estoy con David... espera, voy a cambiarle el nombre, cuando estoy con Clotilde (lo siento David, es lo primero que me ha venbido a la cabeza, te jodes, Clotilde) cuando estoy con Clotilde en la barra del Café Capone de Parla diciéndole chorradas a las camareras, que nos caen bien, y que son majas, y nos invitan a cubatas y cócteles y perritos calientes. Alguien habrá que quiera pagar por tenerme a metro y medio de distancia bebiendo cervezas y escuchando mis ocurrencias, que no son pocas cuando estoy de guasa o soy feliz o tengo ganas de jugar a la playstation o me tomo dos vinos con... a ver... con Kafka, me tomo dos vinos con Kafka en mi casa y encendemos velas y escuchamos poemas de José Hierro y Vicente Aleixandre y sacamos lienzos y óleos y pintamos cuadros con las manos y nos pasamos al güisqui y yo escribo en mi libreta cosas que al día siguiente no entiendo y el se ríe y me confiesa cosas que luego negará y también escribe en grandes cartulinas y rompemos copas y así seguimos hasta que las velas se derriten. Kafka, Clotilde, amigos por los que uno da gracias de estar vivo aunque sea en una ciudad pequeña como Alicante y bebe rusos blancos y durante unos segundos toca la felicidad suprema con la punta de los dedos. Puedo decirlo. He sido feliz. Lo he sido. Ahora sólo queda escribir otro libro. Cabrones.
la vida life
Lo primero es pedir perdón, y lo segundo pedir otra copa camarero. hace tiempo que no doy señales de vida, hace tiempo que mi vida es la vida de otro, mi propia vida, cuando uno es feliz, dicen, cuando uno es feliz, no escribe, está demasiado ocupado viviendo, pues es cierto. Hoy, sin embargo, escribo, por aolgo será. Creo que voy a titular estos diarios, algo así como diarios de la paroxetina, al estilo del Che, con sus diarios de la motocicleta. Reconozco que ahora mismo me estoy escaqueando del trabajo, pero sólo será un momento, aunque bien pensado, no me estoy escaqueando, puesto que estoy en mi tiempo de comida. Diarios de la paroxetina, tiene en común con diarios de la motocicleta en que desde que tomo paroxetina es como si estuviera montado en la poderosa, esa moto hecha polvo con la que el Ché y su amigo nomeacuerdo licenciado en químicas, creo, recorren un huevo de kilómetros y se la piñan varias veces. Yo recorro un huevo de kilómetros vitales a lomos de mi paroxetina, hoy se me ha olvidado tomarla, será que no estoy mal, o que estoy peor y ya no me acuerdo. Ayer fue el día de la madre y no felicité a mi madre, sé que me perdona porque me quiere y sabe que yo también la quiero. Pero debería haber llamado. Pido otra vez perdón. Otra copa no pido, el alcohol y la paroxetina, tengo demostrado, desde hace poco, puede desatar un monstruo terrible, fantasmas del pasado, palabras sin sentido y varios días postrado en cama en un estado vegetal mientras te alimentas de agua y galletas campurrianas. Y sin ducharte. Una vez resucitado, vuelvo a mi diario de la paroxetina, un diario que de nuevo intentaré mantener escrito cada día, y no hace falta que nadie comente, cómo voy a pedir comentarios si no he sido cqapaz de cumplir con mi palabra de escribir cada día mientras tuviera comentarios. De todos modos, cumplir religiosamente con el diario no es fácil para alguien que no tiene internet en casa. La verdad, sea dicha. Ale, que os den por culo. Con perdón, claro.
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