miércoles, 1 de abril de 2009

Baudelaire nunca lo haría

Escribo el segundo texto de mi escritura eterna justo antes de las 12 de la noche. Acostarse antes de las doce es como decirle no a la vida, es irse a dormir como un cobarde, aunque tengas que madrugar y trabajar 9 horas con 30 minutos para comer, lo que sea, irse a dormir antes de las 12 de la noche es negarte a vivir, mañana viviré, piensas, pero como le decía Apolo Creed a Rocky en Rocky III “hoy es mañana, Rocky, hoy es mañana”. Yo elijo vivir hoy, ahora, y vivir ahora implica escribir, porque escribo mi vida y estoy viendo House sin volumen mientras escucho Snow Patrol y tecleo (El doctor Wilson da pena. Me gustaría tirarme a Cudy (o Cadi, o cómo mierdas se escriba su nombre en inglés) la directora del hospital). Tengo una caja de bombones abierta sobre la mesa y una botella de agua Solán de Cabras también abierta sobre la mesa, y también sobre la mesa tengo un plato y un vaso y una cucharilla y una servilleta de papel arrugada y varios libros, y un mando de la play3 y una pieza de mi cargador del Macbook Air (al que le empieza a fallar la tarjeta Airport, lo cual me toca los cojones, porque a mi ibook G4 de toda la vida jamás le falló nada y costaba la mitad), los cascos de mi iPod, que ya están medio rotos, revistas, recibos, el mando a distancia del equipo de música y un ticket de (joder, está lejos y arrugado, me acerco a la mesa para poder escribir de dónde es) de la fnac, claro, el otro día compré Caprichos o Los caprichos, no sé, de Paganini. Me encanta la música clásica, me vuelve loco, me gusta desde que tengo algún recuerdo de la música que me gusta escuchar. De pequeño ponía una cinta de Luis Cobos en el radiocasette (o radiocaset) de mi hermana todas las mañanas mientras desayunaba. En primero de BUP la profesora de música no se creía que me gustara la música clásica, todos los chicos decían qué música les gustaba, el bakalao, decían, y yo juro que no tenía ni puta idea de qué cojones era eso del bakalao, así que dije que me gustaba la música clásica, entre otras cosas, pero la zorra de la profesora creía que estaba haciéndole la pelota. Detrás de mí se sentaba Oliver, un pringao de cabeza cuadrada con unas deportivas enormes, de esas de rapero con la lengüeta por fuera, qué moderno, recuerdo que pensé, cómo molan sus cordones, y él siempre me decía cuando le contaba (tonto yo) que me gustaba alguna chica, que si él quería me la quitaba. Habrá que verle ahora. Oliver, ¿dónde estás? Ven ahora que te voy a dar dos hostias. Subnormal. Y a la profesora de música, que la jodan, so puta, por no creer que a un niño como yo, de verdad, le gustaba la música clásica y no el bakalao de los cojones que sólo escuchaban los más modernos y subnormales de la clase. Recuerdo que un día vi en el tren de cercanías a uno que se llamaba Nani, o le llamaban Nani, pendientito, flequillo sobre los ojos, actitud provocadora, malas notas… también lo tenía todo. Ahora, antes, el día que le vi, resulta que es autor de teatro, escribe teatro, y actúa, o eso me dijo. Y yo soy poeta, no te jode. Menos mal que voy poco al teatro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya sé que no escribes sólo para que te digan, mas no podía sustraerme a decir que me ha encantao ( me veo incapaz de articular completa esa palabra cuando escribo )..... ya sabes, la sensación aquella que a veces tengo, recuerdo....
Felices sueños dulce Danilo. Pon el mundo en pause, en mute, en off...y que siga la noche en tus adentros :)

Mili

Anónimo dijo...

seguro que Oliver sigue llevando deportivas extra-grandes, y la profesora de música sufre burn-out...
W

Rain dijo...

Y hacia el final de tu texto, me he reído al pronunciar Nani. Naniii. Na.

Y la exultante música clásica DTB. Imaginarte chiquito y emocionado escuchando a Mozart.

Usted y su ojo derecho.
Un gran salute :)

Odal Orto dijo...

Pues sí que es raro, sí, que te aficiones a la música clásica escuchando a Luis Cobos.
Coge tu ojo derecho, échale un escupitajo y métetelo en la oreja que prefieras a ver si afina algo.
¡Luis Cobos! ¡La madre de dios, qué cosas tienes!

El literato morboso dijo...

Pequeño cabroncete tensoactivo, me sumo a lo de Luis Cobos que dice Odal Orto. Y respecto del post anterior, no hay que confundir "precio" con "valor". ¡Hay que leer a Marx! En cualquier caso, y por lo que dices, yo pa mí que escribes por el reconocimeinbto, ¿no?