Quiero comprarme un i-phone, es posible creer, despertar, escuchar música, tener ganas de repente de tomar el sol. El contexto, el marco, la enumeración de los objetos: sentado en un sillón, aire acondicionado, café con leche, donettes, tostadas, banda sonora de el cartero de Neruda, descalzo, sin duchar, siendo feliz. Y qué más. Uno, yo, presente, servidor o servidora, anoche viendo las estrellas hasta las 3, las veo, las conozco, después de tantos años, Rigel, Aldebarán, Sirio, Vega, soy tan pequeño, me siento tan dichoso, podría morir en este preciso instante fulminado por una visión llena de hidrógeno, soy un espejo de lo que me rodea, no soy nada. NADA. Inservible, habrá que disfrutar de nuestro absurdo, de nuestra máscara, de, como dice Antonio sabio y muy querido, de este trocito de tiempo que nos ha tocado vivir, el tiempo y nuestros recuerdos que posicionamos sobre el aparador o la mesa camilla y vemos, miramos, enumeramos, decimos te acuerdas de, hubo un tiempo que, y parece mentira, habrase visto, yo sé quien eres, te vi, te deseé, te quise, cómo no querer, no desear, no ver esos dos ojos dos esos dos grandes redondos perfectos y verdes ojos dos esos dos ay cómo me duele ojos. No. La vida de nadie que soy yo, la nada que me llena y me destroza el hígado, es, cómo decirlo, a ver, tal vez pudiera resumirse en: TENGO ESPERANZA.
Hoy, esta mañana, estoy cargado de esperanza, esta tarde voy a dar una charla sobre poesía, cosas pequeñas, infraordinarias, y me la toca si nadie viene, yo quiero comunicar mi verdad, lo que me hace enseñar los dientes cuando me río como un hombre loco y vengativo pero feliz, un señor que escribe versos y que busca y que se ha enamorado tantas veces de sí mismo mirándose a un espejo por la calle e intercambiado teléfonos y correos y apretones de manos y maneras de tocar un antebrazo disimuladamente en medio de una conversación. Ah, la vida, el dolor, el movimiento, ah el teatro, ah la pesadilla o el tormento y unas chanclas nuevas para caminar kilómetros.
Parte 2

